
La traición al legado de Fernando de Amárica: El cierre de la Sala Amárica y la desnaturalización de su testamento
Por Iñaki Larrimbe
El cierre de la Sala Amárica para convertirla en un centro de emprendimiento ajeno a la cultura supone una grave desnaturalización del legado de Fernando de Amárica y una traición al espíritu de su testamento.
El pintor vitoriano, consciente del valor del arte y la educación, dejó su patrimonio a la ciudad con una finalidad muy clara: que su obra sirviera para inspirar a futuras generaciones y que su legado estuviera al servicio del arte y la sociedad.
En su testamento, Amárica estableció con claridad su voluntad: “Establezco, pues, por el presente testamento un Pabellón o Salas en la ciudad de Vitoria que se denominarán ‘Galería Fernando de Amárica y Medina’, destinado a la exposición permanente con carácter público de mis cuadros, debidamente seleccionados”.
Este espacio, situado dentro de su propia finca, no era un simple lugar de almacenamiento de su obra, sino un centro de referencia cultural pensado para la inspiración y la formación artística.
El cierre de la Sala Amárica y su transformación en un proyecto sin relación con la cultura desvirtúa completamente la finalidad de su legado. Su testamento lo dejaba claro: “En el remanente de mis bienes y derechos nombro por único heredero a la Entidad benéfico-docente […] cuya finalidad es doble: de un lado, crear pensiones de estudio en el extranjero y pensiones de retiro o vejez para obreros; y de otro, establecer la exhibición, en una galería o pabellón construido ad hoc, de mi obra pictórica para que inspire vocaciones artísticas y procure enseñanzas con su permanente y pública exhibición”.
Este cambio de uso supone una clara desviación de su testamento. Aunque parte de su colección se expone en el Museo de Bellas Artes de Álava, Amárica no solo buscaba la conservación de su obra, sino también la creación de un espacio propio dedicado exclusivamente a su legado. Como se recoge en su testamento: “Para dar realidad a la idea, quiero que se edifique un Pabellón en el ángulo suroeste de mi finca, calle de Dato número 38 de Vitoria, […] comprendiendo las Salas que se destinarán a conservar y exponer en ellas mis cuadros”.
La desaparición de este espacio y su sustitución por un proyecto empresarial ignora el mandato del testador y vulnera su voluntad expresada en el testamento. Su legado cultural ha sido diluido en favor de un uso ajeno a su propósito original, cuando su deseo era claro: “Si llega un día en que no se cumpla conocidamente la Fundación que dejo establecida, en que abiertamente se falte a lo estatuido, nadie se ocupe de ella y la abandonase en cargo, faculto y ruego al Alcalde de Vitoria, al Presidente de la Audiencia y al de la Diputación de Álava […] que promuevan la destitución y remoción del Patronato que hubiere y haciéndose cargo interina y transitoriamente del mismo, cuiden que la Fundación se restituya a su propósito original”.
Fernando de Amárica legó su patrimonio con una intención inequívoca: que su obra se conservara en un espacio público propio, accesible y permanente. La desaparición de la Sala Amárica es, sin duda, una traición a su memoria y a su voluntad.

