Santiago

Santiago Sierra: un artista blanco sobre negro.

Por Carlos Jiménez.

Santiago Sierra plantea en cada una de sus obras una ineludible cuestión ética, que habitualmente resulta difícil de asumir por dos motivos, en el fondo entrelazados. Por una parte, sus obras contradicen el ubicuo hedonismo al que estamos dados y que poco o nada quiere saber del dolor, el esfuerzo, las penurias y los sufrimientos padecidos por los trabajadores manuales, los marginados, los racializados y los excluidos que él elige y pone en escena en sus impactantes performances e instalaciones.

Por otra, Sierra, con la crudeza sin atenuantes de esas invocaciones, cuestiona el argumento del “respeto al prójimo” esgrimido para evitar o censurar las imágenes de quienes realmente sufren y padecen. Se censuran o se eluden porque no se quiere sufrir ni siquiera la experiencia vicaria del dolor que ofrece la visión de las imágenes dolorosas o traumáticas. Tampoco queremos vernos en la situación de reconocer que el dolor es una experiencia tan habitual en nuestras vidas y tan común como el consumo de los analgésicos y ansiolíticos diseñados ex profeso para anestesiarlo. Negar el dolor de los demás es negar nuestro propio dolor. Es dar por hecho que solo nos rige una pulsión erótica desligada absolutamente de la pulsión de muerte. Y lo que probablemente aún es más grave: es evitar la experiencia de compadecernos, de padecer con los otros.

Alexis Callado comisario de la exposición.

Si toda ética tiene una estética la de Sierra es una ética en blanco y negro. El hecho de que sus fotografías y sus videos, los carteles de sus exposiciones y las cartelas de sus obras están siempre en blanco y negro no es casual ni es resultado de una mera predilección estética. Por el contrario: contribuyen a dejar claro que su ética es la de un artista decidido a mostrar el mundo tal y como es y no como pretenden que sea quienes se empeñan en convertirlo en una fábula colorida, imaginativa, fascinante. Nuestro mundo no es un paraíso ni un jardín de Cándido o de Josep Borrell. Para Sierra, en cambio, es un mundo en el que dicha fábula y desde luego la amable democracia liberal, enmascaran que sigue regido por el muy arcaico e implacable dominio del amo sobre el esclavo.

Así, tal cual, blanco sobre negro, sin elipsis ni prestidigitaciones, como lo demuestra tantas de sus obras que documentan las cosas que los trabajadores precarios están dispuestas a hacer a cambio de dinero por muy absurdas, disparatadas o infames que sean. Sea dejarse encerrar en la sentina de un barco, tatuarse una raya o masturbarse por unas monedas. No solemos calificar de esclavista o de dictatorial a este ejercicio del poder, como sí lo hacía Marx, pero no por ello deja de serlo. Como tampoco por ello deja de ser mucho más frecuente de lo que estamos dispuestos a reconocer. Quizás es por esta razón que nos ofenden esta clase de obras de Sierra, y por la que las imágenes que las documentan resultan traumáticas, punzantes, auténticas “flechas” que “salen de la escena y vienen a punzarme”, que diría Roland Barthes.

Sierra no es un artista que enseña los hechos más indignantes y reprobables de nuestra vida en común, tomando distancia de los mismos, situándose o interpretando el papel del espectador inocente que no tiene ninguna responsabilidad en la generación de los mismos. Él, por lo contrario, asume su responsabilidad: él es quién ha pagado a esa gente para que actúe de forma degradada o sin sentido, con el fin de producir obras que firma y expone en beneficio propio. Él es culpable en un mundo de inocentes, que piensan y afirma que todo lo horrible y abominable de este mundo es responsabilidad de los otros. Nunca de ellos mismos. Sierra ofrece así una lección ética que no quieren ni pueden ofrecer canónicos y profesores investidos con el aura de la inocencia.

Los 1.502 retratos en blanco y negro reunidos en la exposición antológica de Santiago Sierra, abierta actualmente en el de Móstoles, suponen la puesta en escena su ética. Especialmente aquellos de las mujeres fotografiados de cara a la pared, que podrían ser interpretados como una denuncia de la invisibilización a las que el régimen patriarcal ha sometido a las mujeres. Cierto, él en vez de denunciar podría haber hecho lo contrario: fotografiarlas de frente, a rostro descubierto, mostrándolas para transgredir de este modo el dictum de la invisibilización.

Pero si no lo hizo fue por su oposición radical al género del retrato.  Sierra ni se retrata ni retrata a nadie como es: de frente y mirando a la cámara o al pintor. Los retratos incluidos en esta gran muestra, son siempre retratos de espaldas y en blanco, retratos que no son retratos, retratos paradójicos, que de golpe ponen en crisis toda la ontoteología y toda la especulación psicológica construidas históricamente en torno del retrato. Así contradicen el exultante narcisismo, doble del hedonismo, convertido en trending topic, en tendencia multitudinaria, gracias a las cámaras fotográficas digitales y las redes sociales. Todos queremos hacernos un retrato, menos Santiago Sierra, que no se quiere hacer ninguno.

Es la decisión de un asceta, aunque igualmente la de un libertario que, por serlo, es especialmente sensible a todas las formas y modalidades del ejercicio del poder estatal. Incluso las más sutiles o encubiertas. Todos queremos hacer o hacernos retratos, pero quien lo hace exprofeso con un propósito de vigilancia y control es la policía. Lo ha hecho desde siempre, desde que hay Estado, y hoy lo hace con recursos técnicos y archivísticos realmente extraordinarios. Santiago Sierra lo sabe, por lo que no me sorprende que se niegue a hacer o hacerse retratos. No evitará el control policial (nadie puede evitarlo) pero al menos deja constancia de su oposición al mismo.

——————————————————————————————————————–

1.502 retratos cara a la pared. Exposición antológica de Santiago Sierra. Centro de Arte 2 de mayo. Móstoles. Hasta 2 de febrero de 2025.

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director del Simposio de arte y ciencia del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid CNIO. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad